Nuestra Señora del Amparo

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Resulta obvio que cualquier Hermandad gira siempre en torno a su imagen, pero en la de Nuestra Señora del Amparo esto alcanza un grado superlativo, por la categoría y la sublimidad sin límites de la talla titular. Obra del siglo XVI atribuida a Roque de Balduque, a quien hubiera bastado esta sola obra para acreditar su fama como “imaginero de la Madre de Dios”. El Doctor Roda Peña asegura su autoría con bastante documentación indirecta que relaciona la imagen de Nuestra Señora del Amparo con el mencionado imaginero, considerando además que contaría con la colaboración en el estofado y pintura del pintor Antonio de Alfián, consiguiendo ambos una de las creaciones más afortunadas en lo que a imaginería mariana se refiere.

Nuestra Señora del Amparo constituye uno de los más altos exponentes de la devoción de Sevilla a la Madre de Dios. Reconocida como Patrona y Protectora de la feligresía de Santa María Magdalena desde mediados del siglo XVIII, su fama de milagrosa y la atracción de su bellísima Imagen hicieron que muy pronto esta devoción se extendiese no sólo por toda la ciudad sino por puntos muy distantes de su Archidiócesis e incluso de América Latina.

La Virgen, de pie, viste túnica jacinto, toca marfileña y manto azul ricamente estofado. La túnica, con escote abrochado en la base del cuello, ostenta una estampación floral, donde predominan los oros con perfiles rojos y blancos. Cae en múltiples pliegues que al llegar al suelo se quiebran en otros más pequeños y ondulantes. Bajo el borde inferior, enriquecido por una fimbria de elementos vegetales dorados y cincelados, asoma tímidamente el zapato derecho. El manto azul-verdoso está estampado con grandes medallones dorados y cincelados. Su importante cenefa perimetral emplea elementos vegetales en tonos azules, rojos y blancos sobre oro cincelado. Y sus vueltas, también marfileñas, dejan ver una lucida decoración floral menuda. Las florecillas, de cuatro pétalos, quedan silueteadas en rojo, contrastando vivamente con las hojitas verdes.

El pequeño Jesús, con pañal rojo, se asienta sobre el brazo izquierdo de María. Su desnudez es signo de pureza y de inocencia. Simbolismo que se enriquece con el rojo de los pañales, clara alusión al sacrificio.

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