Un romance de más de cien años dedicado a la Virgen del Amparo

La Hermandad incorpora un interesante documento literario a su archivo. Se trata de una edición de 1904 de “La Hojita Celeste”, que ha sido recientemente entregado a la Hermandad por el periodista Juan Manuel Labrador, en el que se incluye un romance anónimo a Nuestra Señora del Amparo. Reproducimos, a continuación, el reportaje íntegro publicado en el Boletín de las Cofradías de Sevilla el pasado mes de noviembre de 2014, firmado por el donante.


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Patrona de la collación de Santa María Magdalena, Nuestra Señora del Amparo es la imagen que aglutina en torno suya la devoción mariana de los feligreses y cofrades de esta emblemática e histórica parroquia, señorial donde las haya, y que cada año, en noviembre, acoge los solemnísimos cultos que su corporación letífica consagra en su honor. Por ello, al encontrarnos en el mes por excelencia de esta Virgen que tallase el insigne escultor Roque Balduque, queremos dar a conocer un romance anónimo dedicado hace poco más de un siglo a Aquella que porta en su diestra ese corazón alado que, precisamente, busca el Amparo de la Madre de Dios, como lo encontró, sin esperárselo, el protagonista de la historia que se relata en estos versos que vieron la luz en la desaparecida “La Hojita Celeste” de las asociaciones de las Hijas de María de España.

La Hojita Celeste

Antigua y modesta publicación editada por las asociaciones existentes en nuestro país de las Hijas de María, “La Hojita Celeste” vio la luz por vez primera entre finales del siglo XIX e inicios del XX, y desapareció en torno a los años sesenta de la pasada centuria, es decir, hace casi cincuenta años. Curiosamente, se imprimía en nuestra ciudad, en la céntrica calle Sierpes, en su número 13, donde se ubicaba la imprenta y librería de Eulogio de las Heras. Sin embargo, llegado el año 1912, se toma la decisión, como se indica precisamente en el ejemplar de esa fecha, de que “cada Asociación de jóvenes escribiera una poesía, ensalzando las glorias de la Imagen de la Santísima Virgen más venerada en aquella localidad”, especificándose que “Con esas composiciones poéticas habría de formarse un tomito titulado «Florilegio Mariano», el cual, expendido en cada población por las Hijas de María, permitiría reunir alguna cantidad, que, poca o mucha, habría de destinarse al fomento de la Buena Prensa, tan recomendada por el Sumo Pontífice”. Así se compone este Tomo I del «Florilegio Mariano», en el que se recogen versos, unos firmados y otros anónimos, dedicados, entre otras advocaciones, a la Inmaculada Concepción, a la Virgen de los Desamparados de Valencia, a la Soledad de Arganda del Rey (Madrid), a la de Araceli de Lucena (Córdoba), a la Virgen de los Milagros de Ágreda (Soria), a la del Valle de Écija (Sevilla)… Y de nuestra ciudad, sin embargo, no es elegida la Virgen de los Reyes, sino la del Amparo, lo que testimonia la gran devoción que a inicios del siglo pasado suscitaba esta imagen mariana.

El poema a la Virgen del Amparo

Tras la introducción en la que se explica cómo se crea en “La Hojita Celeste” el denominado «Florilegio Mariano», la primera composición poética que aparece en el librito es, precisamente, la que una anónima Hija de María dedica a Nuestra Señora del Amparo, titulándola así: “A la Virgen del Amparo. Imagen Milagrosa que con la mayor devoción se venera en la Parroquia de Sta. María Magdalena. Sevilla”. Se trata de un romance en el que se narra una historia en torno a la figura de esta Virgen sevillana, dividiéndose en dos partes, contando la primera de ellas con sesentaicuatro versos y la segunda con cincuentaiséis, sumando un total de ciento veinte. Cada parte, además, tiene su propia rima asonántica, propia de los romances, en los que solamente riman los versos pares, si bien en lo que a su métrica se refiere son todos octosilábicos.

04Centrándonos en la historia que cuenta esta desconocida Hija de María, en el primer fragmento habla de “una figura” que de noche “vaga en torno de una iglesia”, que no es otra que la Magdalena, y describe al protagonista del relato como una persona misteriosa que, con una ganzúa, consigue abrir la cerradura del templo para profanarlo, y en el que encuentra con una hermosa representación iconográfica de la Madre de Dios que no es otra que la Virgen del Amparo, la cual “luce rica corona”, que osadamente trata de llevársela consigo, mas algo ocurre, puesto que al tocarla simplemente “arroja su pecho un grito / mientras su cuerpo forceja”, tratando de vencer la resistencia que le muestra la Señora, quedando inmóvil ante Ella.

Ha pasado la noche, amanece el nuevo día en el segundo tramo del romance, y el enigmático personaje sigue junto a la Virgen cuando “Clero, tropa, autoridades, / y un inmenso populacho” asiste a contemplar lo ocurrido. El pueblo no perdona aquel intento de robo, pero el culpado sigue junto a la imagen de María Santísima y nada malo le pasa, porque éste, incluso, pide Amparo a la Madre de Dios, tal y como se refleja en los versos al hacerse uso del estilo directo en el lenguaje, hasta que finalmente aparece “el solícito Prelado, / que de Sevilla la Iglesia / rige cual Pastor sagrado”, por lo que se intuye que ha de tratarse del cardenal que ocupa la sede hispalense, y de tratarse de una historia reciente con respecto a la fecha de su publicación, algo que no sabemos a ciencia cierta, podría ser Enrique Almaraz y Santos, y este Pastor se dirige al pecador para perdonarle, ya que él mismo lo amparaba al haber sido amparado previamente por la Virgen.

Quede aquí pues, como testimonio, el poema íntegro publicado en el primer tomo del «Florilegio Mariano» de “La Hojita Celeste”.

 

I

 

Es media noche, y en manto

de negras sombras envuelta,

en imponente silencio,

yace la dormida tierra.

 

A la escasa luz que arrojan

las moribundas estrellas,

fatídica una figura

vaga en torno de una iglesia.

 

Negra capa, ancha y raída,

que de sus espaldas cuelga,

al par que la cubre, oculta

misteriosa una linterna.

 

Con precaución, y volviendo

acá y allá la cabeza,

de su seno una ganzúa

saca su mano que tiembla.

 

Y las cerraduras ceden:

y ya en el templo penetra,

donde una lámpara triste,

la oscuridad rompe a medias.

 

Entre la luz y las sombras,

que la descubren y velan,

cual de la Fe los misterios,

se ve una Imagen esbelta.

 

Con acelerados pasos,

que en las bóvedas resuenan,

sacando la luz que oculta

llega atrevido hasta Ella.

 

Y aparece iluminada

de la Virgen Nazarena,

Madre de Dios y del hombre,

la dulce figura bella,

 

que luce rica corona,

de plata y preciosas piedras,

donde en vistosos cambiantes

los rayos de luz reflejan.

 

A cuya vista los ojos

de aquel audaz centellean,

que sin pararse, de un salto

sube al trono con presteza.

 

¿Qué importa, entre tanto dice,

un crimen más, a quien lleva

de cielos, tierra y abismos

en su frente el anatema?

 

En la pendiente del crimen

do me lanzó la miseria,

¿quién hay que una mano amiga

para detenerme tienda?

 

Y lleva osado él la suya

hacia la joya primera,

que adorna las puras sienes

de la celestial Princesa.

 

No toques, reptil, la rosa,

que aunque delicada sea,

pudo a la antigua serpiente,

quebrar la feroz cabeza.

 

Mas ya la tocó, y al punto

de rabia, de angustia y pena,

arroja su pecho un grito

mientras su cuerpo forceja.

 

Es que la sagrada Imagen

lo detiene con tal fuerza,

que sin poder desprenderse

inmóvil de espanto queda.

 

II

 

Llega la mañana, y sigue

aún el triste aprisionado,

hasta que el tropel de gente

le hace volver del letargo.

 

Clero, tropa, autoridades,

y un inmenso populacho,

al escuchar su noticia

corren a ver el milagro.

 

Entre gritos de amenaza

pugnan porque al desdichado

suelte la piadosa Virgen,

que aún más aprieta la mano,

 

que ella no impidió el delito

para entregar al culpado;

no pierde a nadie María,

ni sabe vengar agravios.

 

Sus gritos redobla el pueblo,

y el infeliz entre tanto

agoniza, en tal conflicto

doquier un abismo hallando.

 

Recuerda tal vez que ha oído

que a la Virgen un gran Santo

llamó, la única esperanza

que hallan los desesperados.

 

«Perdón, fervoroso, dice,

amparadme en este caso,

no me dejéis, Madre mía».

Y el pueblo clama: –«Soltadlo».

 

–«Se castigará, Señora,

vuestra ofensa en el malvado»;

y más estrecha la Virgen

al que a Ella sigue clamando.

 

–«Se le mandará a galeras,

se le llevará al cadalso».

Y parece que la Virgen

lo defiende con su manto.

 

De repente el pueblo muda.

–«Si es Señora un desdichado

se le amparará, si quiere

romper del crimen los lazos».

 

Y allí se presenta entonces

el solícito prelado,

que de Sevilla la Iglesia

rige cual Pastor sagrado.

 

Y hacia el altar se encamina

por salvar al desgraciado,

como oveja extraviada

de su querido rebaño.

 

Y exclama compadecido,

al tocarle con su mano:

«Yo te amparo, nada temas,

pues María te ha amparado».

 

Dice, y al punto la Virgen

deja al reo afortunado.

¡Bendita, bendita seas,

dulce Madre del Amparo!

Publicado en el Boletín de las Cofradías de Sevilla nº 669, noviembre de 2014.

 

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